Madeleen Helmer, Directora del Centro de Estudios sobre el Cambio Climático y la Preparación para Desastres, La Haya
En todo el mundo, el cambio climático está agudizando los fenómenos meteorológicos extremos y la variabilidad de las pautas meteorológicas, lo que está resultando en un aumento de la frecuencia e intensidad de los desastres. Lamentablemente, las personas pobres, mayores y discapacitadas son las más castigadas por las inundaciones y ciclones cada vez más frecuentes, las implacables sequías y el ascenso del nivel del mar. En última instancia son ellas quienes pagan caro esta situación, sacrificando viviendas, cultivos y vidas.
El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC de sus siglas en inglés) confirma lo que más nos temíamos: los grupos vulnerables están expuestos a un riesgo mayor en relación con el cambio climático.
Es el momento de que la comunidad internacional entienda y acepte que, en lo relativo a la respuesta a los desastres, el pensamiento tradicional ya no es válido. Los expertos prevén que aumentarán las inundaciones, sequías y olas de calor, por lo que a los pobres les resultará más difícil recuperarse y, cada vez más, deberán aprovecharse al máximo los recursos de los organismos de ayuda.
Ahora es el momento de empezar a preparar a las comunidades vulnerables para lo peor. El cambio climático es uno de los principales riesgos y problemas que afronta actualmente la humanidad. Ya está ocurriendo y, dada la larga persistencia de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, antes que atenuarse se intensificará.
Durante demasiados años, el cambio climático se ha considerado un tema de interés predominantemente científico y medioambiental. No obstante, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha sufrido ya el azote del cambio climático en la misma esencia de su labor, en el apoyo a las personas vulnerables, en particular en situaciones de desastre.
Nuestros voluntarios, personal y delegados sobre el terreno de todo el mundo afrontan esta realidad todos los días.
Solamente en 2007, inundaciones extremas en Yakarta, Mozambique y Bolivia han dejado sin hogar a cientos de miles de personas, lo que ha llevado a movilizar a gran escala recursos y miles de voluntarios.
En el Pacífico, el paulatino ascenso del nivel del mar comienza a afectar gravemente a los sistemas naturales, de los que dependen los medios de subsistencia y el bienestar de los habitantes de muchas islas. Por su parte, en numerosas zonas de África, el aumento de las temperaturas favorece la aparición de brotes de malaria en altitudes cada vez superiores.
Incluso en los países ricos, son las personas mayores, pobres y enfermas las que resultan más gravemente afectadas por los fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor y huracanes.
Estos países empiezan a reconocer que el cambio climático es real y buscan invertir miles de millones de dólares en la gestión de inundaciones, en sistemas de refrigeración y plantas desalinizadoras, a fin de protegerse frente al cambio climático. Lamentablemente, para países más pobres se hace mucho menos.